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EXPERIENCIA EN HUNGRÍA

Os presentamos la experiencia de un grupo de Jóvenes que han participado en un INTERCAMBIO JUVENIL del programa ERASMUS+ en Hungría.

“La historia comienza cuando personas que ni soñaban con conocerse terminan encontrándose. En el instante menos esperado, pero en el momento indicado.”

vasarosnameny9Miércoles diez de junio de 2015: nueve desconocidos se reúnen en el área de juventud de Málaga, entre ilusionados y expectantes. Habíamos sido seleccionados para un intercambio a Hungría (Vasárosnámény), para participar en el programa “Prepare Yourself!”. Ya desde el primer momento, esta experiencia tuvo la maravillosa atmósfera de una aventura sin precedentes.

 

El dieciséis de julio comenzamos nuestro viaje con seis horas de autobús hasta Madrid de madrugada, donde tendríamos que coger un avión hasta Budapest. Si ya en las últimas semanas habíamos llegado a conocernos bastante, las relaciones se estrecharon rápidamente. Establecimos la misma unión que vincula a una familia: todos debíamos protegernos, todos estábamos juntos en nuestras andanzas, de todos dependía que todos estuviésemos a salvo.

vasarosnameny8Ahora, desde la distancia, todo tiene la misma intensidad que los sueños: la visita a Madrid, la espera interminable hasta coger el avión, el miedo a los malos presagios: (¡por favor, qué vuele el aparato!), la incredulidad al llegar a tierras húngaras y la certeza, una vez allí, que la comunicación iba a ser una complicación mucho más importante de lo que podríamos habernos planteado.

 

 

vasarosnameny7Nunca olvidaremos la espera en la estación de tren más destartalada, extraña y aparentemente peligrosa de Budapest —a la hora “prudencial” de las tres de la mañana—, la experiencia de montarnos en un sinnúmero de trenes y contemplar nuestro primer amanecer desde las ventanas del vagón; conocer a nuestro primer ángel de la guarda (aunque todo el viaje estuvo plagado de ellos realmente), que se encargó de llevarnos sanos y salvos hasta Vasarosnámeny, pueblo perdido donde los haya. Tras siete horas de tren ya habíamos probado todas las combinaciones posibles para dormir encajados “cómodamente” en los asientos —sin resultado—, nos habíamos enfrentado a una amenaza de multa en un lenguaje incomprensible, y acumulábamos horas de vigilia que sólo se curaban con acertijos y anécdotas que nos acercaban cada vez más a nosotros como grupo.

Y una vez en Vasárosnámény, todo fue incluso más maravilloso de lo que podríamos haber llegado a concebir.

vasarosnameny10Porque aún nos quedaban las noches sin dormir —o encontrando sitio a duras penas en las camas para poder dormir todos juntos— , nos quedaban los insólitos amaneceres que comienzan a las cuatro de la madrugada, las comidas extrañas que sorteábamos con toneladas de pan , pavo y nocilla, nos quedaba el café en polvo que nos sabía a gloria y se convirtió en costumbre obligada después de comer; las sesiones infinitas de charla, las noches internacionales y nuestro gazpacho picante gracias a la confusión de los pimientos , las excursiones en autobús en las que hacíamos un repaso obligado del panorama musical español y que nos otorgaban la gloria de los más ruidosos del intercambio. Nos quedaban todas las lecciones y los juegos, las carcajadas obligadas e interminables, las excursiones a los pueblos de alrededor, las noches de música bailando hasta las tantas, la sorpresa inesperada (para algunos) de encontrar el amor en un lugar que ni siquiera hubiéramos soñado conocer jamás.

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Y mientras tanto, nosotros compartíamos todo lo que estaba a nuestro alcance: la comida, las complicaciones, las risas y las lágrimas si era necesario, la lluvia y las cervezas, las excursiones al supermercado y nuestra forma secreta a voces de rebelarnos cuando nos imponían silencio.

Pero no hay papel suficientes en el mundo para narrar todo esto, no hay palabras que sirvan como unidad de medida para todo lo que experimentamos, para todo lo que sucedió dentro de nosotros. Nos dimos cuenta de que, más allá de lo aprendido durante el curso, más allá de lo que hemos mejorado a nivel de idiomas y de lo que nos ha enriquecido la experiencia de estar en contacto con culturas tan diversas, todos compartimos la sensación de haber crecido enormemente como personas y de creer más que nunca en la humanidad. Es extraño cómo gente de culturas tan diferentes —y tan diametralmente opuestas en ciertos sentidos—, puede habernos marcado tanto al ofrecernos diferentes perspectivas de la vida. Y nosotros nueve, unidos como una familia por esa azarosa combinación del destino que teje y desteje nuestro camino, nos hemos dado cuenta de lo que significa ser un equipo, una manada en el que cada miembro es imprescindible.

Este intercambio ha sido un como un tren: todos nosotros viajábamos en el mismo compartimento. Hemos llegado al fin del trayecto, ese punto en el que los caminos se bifurcan. Pero no importa, nuestros hilos siguen entrelazados aún en una huella indeleble que no desaparecerá jamás.

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Y tu… ¿Cuándo?
Si quieres saber más de esta y otras acciones del programa Eramus Plus puedes visitarnos en el Área o escribirnos a info@intercambia.org.

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