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EXPERIENCIA CURSO EN POLONIA

ºNUESTRO VIAJE A POLONIA

¡Hola chicos! Os vamos a contar la historia de cómo sobrevivimos a nuestro curso de formación en Polonia. Ha sido una semana increíble, hemos conocido gente de Polonia, Italia, Grecia y Portugal, y nos ha encantado la comida y las tradiciones de allí.

Salíamos de Málaga a Cracovia con ganas de disfrutar de Polonia. Nuestro destino era Zab (que significa “diente”), un pueblo perdido de la mano de Dios con vacas de Milka y vecinos de Heidi. Lo que no sabíamos era que tardaríamos 13 horas viajando, cogiendo avión, bus, tren y coche para llegar a nuestro destino. Tampoco sabíamos lo buena que estaba la sopa de piomodor (tomate, vamos) que nos esperaba allí, y lo apañá que era Marysha, la cocinera, chófer, técnico de sonido y directora del hotel.

Hemos aprendido qué es una adicción y qué no, las etapas de la drogadicción, cómo prevenir y ayudar a los adictos, las perspectivas de los diferentes países que han acudido, las fases de rehabilitación y reintegración social y diferentes medidas higiénicas y anticonceptivas para evitar las ETS. También hemos llevado toda esta teoría a la práctica mediante diversas actividades: hicimos un scape room sobre rehabilitación, junto a un entrenamiento específico para este tipo de situaciones; nos dieron unas gafas que simulaban el efecto del alcohol y las drogas en el organismo, con las que tuvimos que hacer unas pruebas físicas.

Además, aprendimos sobre la cultura de los demás países participantes gracias a las noches interculturales. Nos quedamos con la carbonara italiana, el vino portugués, los bailes griegos y  el teatro cubano en Polonia. Por nuestra parte, ellos aprendieron como recibimos el año nuevo en España (juramos que no se ahogaron con las uvas), bailaron la Macarena, comieron mantecaos, fuet, piquitos y pipas, y bebieron vino dulce y Cartojal.

Sin embargo, no todo fueron risas, también pasaron una serie de desgracias que marcaron nuestro viaje: vimos aparecer la ambulancia polaca desde la ventana de nuestro cuarto; estuvimos a punto de dormir en la calle; también a punto de no dormir; la piwo nos dejaba el estómago pidiendo el cambio; nos dejamos las exposiciones para el último momento; casi perdemos la maleta, y la vida en el monte; y por poco nos quedamos sin avión de vuelta a casa porque había una supuesta bomba en el aeropuerto. Somos unos supervivientes, ¿verdad?

En definitiva, ha sido una experiencia muy completa que sin duda repetiremos. Nos traemos la maleta (que no perdimos) llena de recuerdos, aprendizajes y amigos por toda Europa. Nuestro cuerpo ya está acostumbrado a este país, así que volveremos más fuertes, veremos menos ambulancias y comeremos más Pierogi de Marysha escuchando nuestro Polskie Mexico. Sin nada más que añadir, Dziękuję Polska!

 

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