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EXPERIENCIA CURSO EN REPUBLICA CHECA

Nuestro inolvidable proyecto de formación “Trees That Are Rooted” se desarrolló en un precioso pueblecito de República Checa llamado “Kouty”. Al principio, todos llevábamos una idea preformada de lo que sería el curso de formación, que en principio, parecía ser un proyecto orientado al trabajo con jóvenes en riesgo de exclusión social y radicalización, pero nada más allá de la realidad, el proyecto fue totalmente inesperado. Pero, empecemos por el principio.

Tras algunas desventuras con las búsquedas de vuelo y tras varios cambios en la legislación sobre el Covid-19 para la entrada a República Checa, pusimos rumbo por fin hacía nuestra primera parada en la República Checa: Praga.

Después de la toma de contacto con el país, nos dirigimos hacia nuestro ansiado e increíble destino: el Hotel Kouty. Ciertamente el hotel y el lugar donde estaba situado superó todas nuestras expectativas, los organizadores no podrían haber elegido un sitio mejor, este encajaba a la perfección con la temática del proyecto, este estaba rodeado por un bosque y justo al lado tenía un gran lago donde pudimos pasar nuestros ratos libres. Por otro lado, el personal era muy amable y aunque la comida era vegetariana, nos encantó a todos. 

El mismo día de llegada, conocimos a los que iban a ser nuestros compañeros en esta aventura, grupo que desde el primer momento y gracias a las actividades tan especiales que tenían preparadas para nosotros, pudo consolidarse desde el primer día.

 

Todos nos sorprendimos bastante con ellas; más que conocer y trabajar una temática, el verdadero objetivo del proyecto era conocernos a nosotros mismos. Averiguar algunos problemas que teníamos (aun sin saberlo) y reflexionar sobre ello.

La mayoría de actividades las hicimos de forma individual, cosa que al principio nos pareció algo extraño, pero después de dedicarnos tiempo a nosotros mismos caminando por el bosque y conectando con la naturaleza, nos pareció algo que deberíamos haber hecho mucho antes (en nuestra vida, en general).

 

Compartimos sueños, miedos, pensamientos, esperanzas y algunos problemas personales, y el proyecto cada vez fue convirtiéndose en una de las mejores experiencias de nuestra vida.Una experiencia plena, enriquecedora y revitalizante que nos ayudó a poner los pies en la tierra.

Jamás habríamos podido imaginar la magnitud del poder místico de Eleni, la organizadora chipriota que conectaba con todos y cada uno de nosotros y de Ivan, un organizador jóven pero con gran capacidad de transmitir tranquilidad y seguridad.

Ha sido una especie de transición desde el primer hasta el último día, en el que crecimos como árboles (metafóricamente) tocando cada una de nuestras facetas, que nos ha movido internamente a ser nuevas personas.

 

Otro de los puntos más importantes de participar en este tipo de proyectos es que se eliminan muchos prejuicios, sobre cultura y sobre la gente en general. Unos días con personas que eran totalmente desconocidas para nosotros fueron más que suficientes para sentirnos parte de una gran familia.

 

Sin duda alguna el mejor proyecto que hemos hecho hasta el momento.

Por supuesto, gracias a Europaerestu por darnos la oportunidad de formar parte de él.

 

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