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EXPERIENCIA CURSO RUMANIA

Érase una vez una ciudad a la que nunca llegamos, bueno, eso no es verdad, la pisamos por unos segundos. Cuando dos días antes de empezar el proyecto nos cambiaron de destino a Târgu Jiu, nos vimos un poco desorientadas, no obstante, una vez llegamos al lugar, nos sentimos muy acogidas desde el primer momento.

No teníamos muchas expectativas sobre lo que iba a ser la formación, no sabíamos qué esperar exactamente, pero teníamos mucha ilusión por comenzar esta nueva aventura. El primer día fue de presentación, conocimos a todos los países e integrantes que, como nosotras, iban a formar parte del proyecto. Es cierto que el espacio no era el más adecuado, no era el idóneo para fomentar la participación, al igual que el gran rango de edad que había entre los grupos apenas facilitaba el intercambio de opiniones, sin embargo, pese a todo esto, conseguimos encajar bien con los demás grupos, y entablar relaciones de amistad que tenemos claro que siempre recordaremos.

Lo mejor de la formación venía después de ésta, cuando teníamos tiempo para nosotras y disfrutar del resto de los compañeros. De forma improvisada armábamos lo que aquí en Málaga diríamos “una noche de picoteo y cerveceo”, no contábamos con esos ratos para entretenernos y conocernos todos mejor, pero sin mentir, esas noches hicieron de este proyecto algo inolvidable. Tampoco sabíamos cómo nos íbamos a caer entre nosotras, no nos conocíamos antes del proyecto y pensar que teníamos que pasar más de una semana en una misma habitación con personas que apenas habíamos visto nos resultaba todo un reto que finalmente superamos con creces. 

El intercambio cultural nos resultó incluso más enriquecedor que la misma formación, conocimos a gente de diferentes países, unos 10 quizás. Ver cómo de diferentes somos los unos de los otros, cómo compartimos las mismas vivencias pero de diferente forma, cómo podíamos compartir cosas pese a las diferencias culturales que podíamos imaginar que teníamos (que, por cierto, no eran tantas). Conocer a personas de otros países nos hizo no sólo querer recorrer otras partes del mundo, sino también querer aprender de las distintas costumbres, tradiciones y creencias que hay más allá de las que estamos habituados a vivir.

Recordaremos el viaje a Târgu Jiu con mucho cariño y una de las mejores experiencias que hemos vivido a lo largo de nuestra corta, pero intensa vida. Esperamos volver a encontrarnos con las personas que conocimos allí en cualquier otra parte del mundo.

 

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