
Os presentamos la experiencia de INMA, que ha participado en un CES del programa ERASMUS+ en ITALIA.
»Me embarqué en esta aventura porque quería conocer una nueva cultura y vivir por primera vez en el extranjero. Pensé que un voluntariado sería una buena manera de empezar, y cuando encontré la oportunidad en una residencia para personas con discapacidad en Ciampino (Roma) no lo dudé. Aunque yo había estudiado Técnico en Enfermería y tenía algo de experiencia, siempre había querido aprender más y trabajar con este colectivo, y aquí me dieron esa oportunidad. Llegué con ilusión, curiosidad e incertidumbre, especialmente porque no hablaba italiano.

El proyecto se desarrolló en L’Arche Il Chicco, una comunidad con más de 40 años de historia que promueve la autonomía, la convivencia y la inclusión de personas con discapacidad física e intelectual. Los usuarios viven en dos casas, participan en las tareas del hogar y asisten al centro de día, donde realizan talleres como cerámica, jardinería, musicoterapia, excursiones, y forman parte de una banda musical llamada Chicco Sband. Como voluntaria, colaboraba en los momentos de las comidas, apoyaba a los trabajadores, participaba en los talleres y acompañaba a los ragazzi en su día a día fomentando su comunicación, movilidad y autonomía. Éramos un grupo de voluntarios internacionales, lo que hizo la experiencia aún más enriquecedora.
La adaptación al principio fue un reto: el idioma, las rutinas y la convivencia eran nuevos para mí. Sin embargo, gracias al diálogo, la escucha activa y la empatía pude superar los momentos más complejos. Aprender italiano se volvió una prioridad, y las clases semanales dentro de la comunidad me ayudaron a integrarme más rápido. Comprendí que en un voluntariado las habilidades sociales son tan importantes como las técnicas, y que mantener una mente abierta facilita enormemente el proceso de adaptación.

Esta experiencia me enseñó muchísimo. Los usuarios me mostraron el valor de la paciencia, del esfuerzo y de celebrar cada pequeño avance. También tomé conciencia de la importancia de la inclusión para que todas las personas puedan desarrollarse y vivir con dignidad. La música tuvo un papel esencial: en la banda vi cómo podía transformar un mal día en una sonrisa compartida. El ambiente de cariño entre usuarios, trabajadores y voluntarios es algo que nunca olvidaré.
Recomiendo a cualquiera que quiera crecer personal y profesionalmente participar en un voluntariado así. Yo me llevo recuerdos inolvidables, una familia que ya he vuelto a visitar y la certeza de que esta experiencia ha marcado mi vida. Estoy profundamente agradecida a la comunidad Il Chicco y a mi organización de envío por hacer posible esta oportunidad.»
Y tú… ¿Cuándo?
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