Os presentamos la experiencia de un grupo de jóvenes que han participado en un CURSO DE FORMACIÓN del programa ERASMUS+ en BULGARIA.

«La semana del 2 al 11 de junio viajé a un pequeño pueblo llamado Srednogorovo, cerca de la ciudad de Kazanlak, que está a unas tres horas de la capital búlgara, Sofía. El trayecto fue largo, pero tranquilo y sin preocupaciones. Me recogieron para llevarme a nuestra casita, situada en plena naturaleza, en mitad de los Balcanes.
Estábamos rodeados de vegetación, y en esa casa teníamos habitaciones con literas, un salón grande con cocina, y un jardín enorme con columpios, invernaderos, etc. Era una casa muy eco-friendly. Mis compañeros eran de Grecia, Turquía, Polonia y República Checa. Fueron muy agradables y formamos un gran grupo.


Por las mañanas, después de desayunar, hacíamos energizers para activarnos bien temprano, que organizábamos entre todos durante media hora. Dábamos clases de primeros auxilios en inglés, y además venían trabajadores especializados para mostrarnos materiales. Por ejemplo, pudimos utilizar diferentes extintores en caso de incendio,
Por las tardes, o teníamos clase o realizábamos actividades de tiempo libre. Un día, hicimos una ruta de senderismo hacia un megalito. Las vistas al llegar eran preciosas. Otro día participamos en el desfile del Festival de la Rosa de Kazanlak.
El aceite de rosa es muy famoso en este país, ya que son grandes cultivadores (también tuvimos la oportunidad de ver los cultivos). Por eso, se celebra una semana de actividades relacionadas con este evento. Tuvimos la suerte de participar en el desfile como Erasmus, y miles de personas de todo el mundo nos vieron.
Por las noches, después de cenar (en horario búlgaro, a partir de las siete de la tarde), podíamos conversar durante horas. El idioma no fue un problema: nos comunicábamos muy bien en inglés, y también aprendí palabras en otros idiomas. Jugábamos a las cartas o a juegos, durante horas.
En cuanto a la comida, estuvo muy bien. Muchos alimentos eran frescos, cultivados en el propio invernadero del jardín, como los pepinos que desayunábamos. Fue un pequeño shock cultural desayunar un pastel de pasta o comer tanta carne, pero me encantó conocer otras culturas. Además, los últimos días fuimos nosotros quienes decidimos qué cocinar. Yo preparé salmorejo, representando a España; los griegos hicieron una ensalada griega; los turcos, un cuscús especial, etc. También hacíamos meriendas en las que compartíamos productos típicos de nuestros países.
En cuanto a los profesores, cocineros y las personas que nos acogieron, nos sentimos muy bien recibidos. Todos se conocían de antes e hicieron lo posible para que nos sintiéramos como en casa. El número de participantes no era muy grande: éramos solo 9, pero fue perfecto para conocernos mejor y para que las actividades grupales funcionaran bien.
Respecto al contenido de las clases, me parecieron muy buenas, ya que no se basaban solo en teoría durante horas. Aprendíamos con juegos, presentaciones orales, creatividad, debates y actividades prácticas. Vimos cómo actuar en situaciones como posiciones de emergencia, ahogamientos, heridas, quemaduras, huracanes, terremotos, shocks, epilepsia, entre otras. En general, aprendimos cómo
actuar ante cualquier situación de emergencia.
Los últimos días también aprendimos a crear un proyecto como este, lo cual fue complicado, ya que hay que seguir un proceso muy largo y existen miles de ideas que quieren participar, pero solo unas pocas se hacen realidad. Aun así, nos enseñaron que si teníamos una idea, había que desarrollarla con paciencia y
esfuerzo.
Al finalizar, nos entregaron un certificado del curso de primeros auxilios. En general, fue una experiencia muy enriquecedora.»

Y tú… ¿Cuándo?
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