Os acercamos la experiencia de Martyna, voluntaria Francesa-Polaca, que ha estado 10 meses en la Fundación Alonso Quijano de Lectura.
Mi experiencia en el Cuerpo Europeo de Solidaridad ha marcado un antes y un después en mi vida.
Nunca sabemos exactamente por qué acabamos en una ciudad, un país o un lugar concreto. A veces parece cuestión de azar, otras veces de intuición o de estar en el momento adecuado. Pero, sea cual sea la razón, hay lugares que nos transforman, y personas que nos enseñan lo que ni siquiera sabíamos que necesitábamos aprender.Mi voluntariado en la Fundación Alonso Quijano y mi año viviendo en Málaga me han ofrecido una nueva manera de mirar el mundo. Me permitió conocer personas con historias y trayectorias muy diferentes a la mía: desde los voluntarios jubilados que comparten su tiempo y entusiasmo, hasta los migrantes que, con esfuerzo y perseverancia, luchan por aprender un idioma y construir una vida digna. También el equipo de la Fundación, comprometido y humano, fue un ejemplo de vocación y dedicación.
Pero el aprendizaje no se quedó solo dentro de la Fundación. La experiencia me llevó también a conectar con los otros voluntarios europeos como yo, buscaban su lugar. Es en esos encuentros donde ocurre la transformación real: se escucha, se aprende, se comparte, y una empieza a cuestionarse, a comprender, a crecer.
Llegar sola a un país donde el idioma y las referencias culturales son diferentes puede dificil, pero converse en una oportunidad. Poco a poco, Málaga se convirtió en un lugar familiar, donde gané confianza, superé miedos y descubrí de lo que era capaz.
Hoy en día vivo y trabajo en España. He decidido quedarme en Málaga, una ciudad que ahora también siento como mía. Y por eso puedo decir, con certeza, que esta experiencia me ha cambiado la vida. Porque sin ella, no sería la persona que soy ahora, ni estaría donde estoy.
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