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EXPERIENCIA SVE EN BIELORUSIA

SAMSUNG DIGITAL CAMERAMi nombre es José, he estado interesado en participar en proyectos del Servicio de Voluntario de Europeo desde que tengo 21 años. Después de algunos intentos fallidos de asociaciones que no envían respuesta ni para decirte que han elegido a otro o proyectos que fueron rechazados, siete años después tuve la oportunidad trabajar como voluntario durante dos meses en Bielorrusia.

El SVE te da la oportunidad de pasar una cantidad de tiempo en un país diferente ayudando a alguna organización en sus actividades cotidianas. Para ello, tienes solucionado el alojamiento, el transporte público, una cantidad de dinero de manutención para gastos personales y alimentación y una gran parte de los gastos de viaje. Es la oportunidad perfecta para desarrollarse uno mismo como ciudadano, enfrentarte a nuevos desafíos a la vez que te cuestionas sobre tu futuro, tus aspiraciones laborales y todo lo que nos asuste o nos apasione de lo que nos queda por delante. Cada voluntario tiene su visión particular y elige como disfrutar y aprovechar su voluntariado.

Elegí Bielorrusia porque me interesan los países del Este, porque hasta hace poco vivió en una realidad económica distinta (la de la Unión Soviética), porque se la conoce como la “Última Dictadura de Europa”. Fui a Bielorrusia por morbo. Mientras otras personas van por diferentes motivos, yo fui a saciar mi curiosidad, como hago cada vez que viajo a algún país que desconocemos o nos cargamos de estereotipos y leyendas. Me gusta descubrir por mí mismo que se cuece por estos lugares tan raros para mi abuela, que solo viajó una vez a Mallorca. Mientras satisfacía esta curiosidad, como voluntario impartí algunos talleres, siendo el curso de español el que más éxito tuvo. Jamás enseñé español. Tampoco llegué a pensar lo divertido y gratificante que puede ser una experencia así. Hice amigos gracias a ese curso, pero no solo fue el único espacio en el que me moví.

Lenin-Dasha-IreneDos meses son pocos para conocer un país. Lo único de lo que me arrepiento es de no haber aprendido algo más del idioma. No obstante, intenté aprovechar cada segundo de mi vida en Minsk, no rechacé ni una sola actividad: si había que ir al nuevo bar, se iba; si me invitaban al cine a ver una película que sabía que sería una porquería, la veía; si tenía que destrozarme las piernas en un viaje en bicicleta de casi 100 km en dos días, me las destrozaba. Fue un no parar en el que utilizaba mi viejo piso soviético solamente para descansar, asearme y preparar comida para guardarla en el “taper”.

Pasé todo el tiempo que pude fuera para aprender de todas las maravillosas personas que conocí, para comprobar que podía ofrecerme el país e impregnarme de su cultura, de su forma de ver la vida y afrontar la supervivencia de unos ciudadanos con pocos recursos. Fue apasionante conocer a gente con muchísimas inquietudes en el país que “todo el mundo tiene la mirada seria, solo vive para trabajar y emborracharse”. Busqué a esas personas distintas, que se salían del estereotipo y las encontré: jóvenes que voluntariamente organizan un festival de cine, ecologistas, doctores de universidad que luchan muchísimo para investigar, músicos que autoeditan su material, colectivos minoritarios reprimidos que organizan actividades sin ánimo de lucro, familiares de presos políticos… Según los bielorrusos “cualquier cosa que se hace en Bielorrusia siempre es por primera vez”. Fue muy excitante ser téstigo de toda esa vida cultural emergente, en un país que vive casi aislado por decisiones políticas tanto internas como externas (de las cuales la Unión Europea es parte responsable).

Mi experiencia ha sido atípica. Y es que en eso consiste el SVE: proponerte unas metas personales y crecer tú mismo como persona y como ciudadano europeo, o incluso del mundo, o lo que ya uno quiero. Creo haber conseguido algo de eso, romper algo más ese muro que nos aisla de alternativas y de formas distintas de ver el mundo sin juzgarlas, ponerme en el lugar de otra persona aunque sea chocante y doloroso. Y si me equivoco, al menos pasé un buen rato y compartí un buen puñado de momentos con un montón de buena gente.

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