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EXPERIENCIA SVE EN MALAGA

Os presentamos la experiencia de Loredana que ha participado en un SVE del programa Erasmus+ en España, Malaga.

Básicamente tapas, cerveza, la costa española, recuerdos y felicidad (tanto como uno pueda percibirla).

Querido EVS,

Eres, de verdad, cada una de las palabras del dicho anglo-sajón “the time of your life”, aportando muchísimo al otro que todos ya conocemos “Carpe Diem”. Hiciste mi 2014 una maravilla. Lo hiciste extraordinario y voy a escribir ahora mismo sobre eso, para que veas cuanto lo aprecio y cuanto te lo agradezco.

¿Te acuerdas de cuando cogí el vuelo, aquella mañana de febrero, con un frio glacial, para acabar por los “caminos rojos” de Andalucía? Estaba oscuro fuera, ese tipo de oscuro primordial y esos -15 grados mordían cada trocito de mi cara confundida. Y tú también estabas allí cuando llegué a la Costa del Sol, el lugar mágico de mi experiencia, única en la vida, SVE (Servicio Voluntariado Europeo). En Málaga hacía calorcito y ellos me recibieron con sus brazos españoles bien abiertos. Y así empezó todo.

Mi vida tenía los siguientes ingredientes. Un piso compartido, un museo de ciencia, un paseo de 10 minutos de mi casa al centro, caminos de naranjos, Serbia, tapas, el mar Mediterráneo y la gente.

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Ahora te voy a recordar la receta.

Viví en un piso maravilloso con mi compañera de proyecto, Sonja, una Serbia rubia y loca que casi creía en los dioses griegos (no literalmente, sino que amaba a Grecia), cocinaba comida balcánica estupenda y me despertaba para ir a trabajar cada mañana cuando yo me sentía demasiado mediterránea para hacerlo. Y había más locos. Una belleza nórdica, nuestra sueca Klara, con quien a veces me atrevía hablar en su proprio idioma (fyla fisk, eller?). Un chico alemán, Benjamin, que tenía una manera rara y maravillosa de ser honesto. Una Francesa muy alternativa y el dios griego. Es broma, claro, quería decir nuestro “hombre de la casa” (después de irse Benny), Giannis de Chipre. De verdad, parecía a un dios griego caído. Y el lituano. Oh, el lituano, el último “hombre de la casa”, que ha heredado mi enorme cuarto con cama matrimonial y que me despertaba cada vez que decidía echarme una siesta. Chico Ruidoso pero buen chico.

Como puedes ver, ¡eramos un éxito!

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El lugar mágico donde yo trabajaba era realmente estupendo. Principia es un museo de ciencia que no me hizo huir de la ciencia, como sí me hicieron casi cada experiencia educacional de este tipo que tuve en mi vida. Allí lo que hice fue divulgar la ciencia de manera atractiva en frente de un publico interesado y muy variado. Estábamos encargadas de presentar la ciencia como algo alcanzable, divertido, como parte de la vida de cada día, como un espectáculo de la naturaleza. Mis responsabilidades incluían atender al publico del museo, hacer visitas guiadas por las salas de exposición y de experimentos y revelarles la ciencia en frente suya.

¿Te acuerdas de ese día en el que hice toda aquella sesión de ciencia sobre electricidad en inglés? Sí, sí, estabas allí también. Fue un infierno dulce, pero la gente lo estaba pasando muy bien. Mi torpeza no era tan grave y los conocimientos de ciencia del público no tan buenos. Así que funcionó perfectamente.

¿Qué más te puedo recordar? Viajé muchísimo. Principia tiene unos jefes excelentes. De hecho es más como una familia, ya que la flexibilidad nunca fue un problema. Vi las costas desiertas, como desnudas, a los hippies de la cuevas con su misterio sensacional, los pueblos de pescadores modestos pero encantadores, la comida rica, la gente ruidosa que te da dos besos siempre y cuando te ve, muy amigable, muy abiertos, muy españoles del sur.

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Descubrí el “toque moro” de Granada – todo sabemos que Alhambra suena menos español de lo que parece. Me perdí por las calles pequeñas de Cordoba, sintiéndome de manera inexplicable muy turista, pero al mismo tiempo hablando con los Cordobeses como si fuésemos antiguos amigos de borrachera. Vi la grandeza de Sevilla y la aproveché. Vi “The Rock”, o, mejor dicho, Gibraltar, que me dejó casi indiferente. Viajé al norte y vi Barcelona con su Sagrada y después baje otra vez al sur, a mi amada Málaga.

Conocí el ambiente acogedor de los pueblos de la montaña, bebí sangría menos de lo que esperaba, pero bastante cerveza por la calle. Nunca llegó a gustarme el famoso jamón, aprendí el español o, mejor dicho, el castellano (mérito de mis tutores) y logré comer mariscos que antes me daban asco. Descubrí cómo ser rumana donde no hay mucho de Rumania alrededor y cómo ser internacional al mismo tiempo. Aprendí cómo abrazar la cultura española, sin dejar de querer la mía, aprendí a apreciar más a los desconocidos siendo buena gente con otros desconocidos y al final aprendí a dejar todo esto irse cuando se tuvo que ir.

¡Ah, sí! Bueno, al final, hicimos la maleta, ¿te acuerdas? Y cogimos el vuelvo de vuelta al este y miramos atrás, pero igual dejándolo irse. Así que gracias por estar cerca, mi querido EVS. Yo fui esa rumana con ojos verdes y piel clarita que dirigió esta peli. Te doy a ti los créditos que te corresponden para no olvidarnos nunca uno del otro. Porque no lo vamos a hacer, ¿verdad?

Voluntariamente tuya,

Loredana

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Basically, tapas, cerveza, Spanish coast, memories and happiness (as much as one can perceive happiness).

Dear EVS,

You were every word from what they mean by the time of your life, bringing much more signification to the well-known adage “seize the moment”. You made my 2014 a gem, you made it extraordinary and I will write right now about that, so that you see how much I appreciated you.

So, remember when I took the plane that freezing cold Romanian morning in February to head for the Andalusian “caminos rojos”? It was dark outside, that dark of the beginning and those -15 degrees were biting every piece of my confused face. And you were there too when I arrived in Costa del Sol, the magic land of my one-in-a-lifetime EVS experience (European Voluntary Service). Malaga was warm and they received me with their Spanish arms wide open. And so it began.

My life had the following ingredients. A shared flat, a science museum, a ten minute walk to the city center, some orange trees, Serbian, tapas, Mediterranean Sea and people.

I will remind you now the recipe.

I lived in a wonderful flat with my Serbian colleague, Sonja, a crazy blonde who almost believed in Greek gods (to be translated as she was very fond of Greek), cooked wonderful Balkan food and buzzed me for work every morning when I felt too Mediterranean to get up. And then the others, who were respectively a Swedish beauty, Klara, who I sometimes dared to talk to in her own language ([se] fylla fisk, eller?), a German guy, Benjamin, who had a weirdish-wonderful way of being natural and honest, a Frenchie, our indie Emilie and the Greek god. Joking, of course, I meant our man of the house(when Benny left), Giannis from Cyprus. He actually looked like a fallen Greek god. And the Lithuanian, oh, the Lituanian, the last man of the house, who inherited my king-size bed and woke me up every time with his voice when I would settle for a siesta. Loud guy, but good guy.

As you see, we were a hit!

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The wonderful place I worked in was quite magical. Principia is the science museum that didn`t make me feel like running as fast as possible from science like all the other lectures I had in my life so far. What I did there with joy was to present science as fun, as doable, as part of everyday life, as beautiful interactions of matter, as something you would go back to, as a spectacle of life. My responsibilities included attending to the public of the museum, touring the visitors through the exhibition room and disclosing science in front of them.

Remember that day when I hold the whole presentation about electricity in English? Yes, you were there as well. It was sweet hell, but people liked it. My clumsiness wasn’t that bad and their science wasn’t that good. Mix and match.

What else should I remind you… I traveled a lot, Principia was a great employer, actually felt more like a family therefore flexibility was quite at home. I saw the naked coasts, the hippies of the caves with their hidden sensational, the simple fishermen villages, the tasty food, the loud people and the friendly let-us-kiss-two-times-everytime-we-see-eachother attitude.

I discovered the Moorish touch of Granada- we all know Alhambra sounds less Spanish than it seems. I lost myself on the narrow streets of Cordoba, feeling unexplainably tourist and yet talking to people like they were my old drinking buddies. I saw The Rock or commonly known as Gibraltar and left me unimpressed, cuz there isn`t anything else to see but a rock, a big rock. I traveled North, saw Barcelona, felt the sacred of Sagrada then came back to the South, as always.

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I met the coziness of the villagers of the mountain, I drank sangria less than I thought I would but had instead a lot of cerveza on the streets. I never got to like jamon, I learnt to hablar español and to eat seafood that made me sick before. I discovered how to be Romanian when there was no Romania around (excluding the lovely expats of Blue Air) and international in the same time. I learnt to embrace their culture and still love mine, to appreciate more strangers being good to strangers and in the end to let all this go.

Oh, yeah, because in the end, we packed, remember? And we took that flight to the east and looked behind but still let it go. So, thank you for me being around, dear EVS. I was that green-eyed, pale-faced Romanian in Andalusia who directed this movie. I give you the credits so that we won`t forget each other ever. We won’t, right?

Voluntarily yours,

Loredana

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