Os presentamos la experiencia de un grupo de jóvenes que han participado en un CES del programa ERASMUS+ en FRANCIA.

»Durante estos meses de voluntariado en Francia he vivido una experiencia que no se me va a olvidar nunca. Llegué con un nivel de francés muy básico y muchas dudas de si me haría entender, pero ahora me doy cuenta de que vuelvo a casa pudiendo mantener conversaciones sobre política, literatura y hasta cotilleos en francés sin problema. Vivir en un pueblo pequeñito en Bretaña ha sido toda una inmersión: todo, desde hacer la compra, escribir Whatsapps o pedir ayuda para coger el transporte público, era en francés. En el trabajo también me lancé de lleno: llamadas, reuniones, correos, talleres con niños y adolescentes… Todo un reto. Al principio me daba miedo equivocarme o quedarme en blanco, pero poco a poco dejé la vergüenza a un lado.
Tuve la suerte de conocer a gente local maravillosa: desde mi profesora de francés de la MJC, que siempre me acogía en su casa con los brazos abiertos, mi vecino, que a veces me traía fresas y flores de su jardín, o mis compañeros del trabajo, que me enseñaron expresiones que no salen en ningún libro de francés.
Gracias a esta aventura también he conocido a otros voluntarios y voluntarias de todas partes. En los encuentros nacionales de voluntarios ESC, en el proyecto “Pilote ton Pote” de encuentro de voluntarios franceses e internacionales, o en escapadas improvisadas, he acabado compartiendo risas y reflexiones. Cualquiera que nos escuchara se sorprendería, y es que a menudo cambiábamos de idioma cada dos frases: español, inglés, francés, y hasta el italiano se colaba sin querer a veces, aunque ni lo hable. He hecho amistades que sé que me llevaré siempre: compañeros de aventuras que ahora viven repartidos por Europa y más allá.

En el trabajo, he aprendido a tener paciencia conmigo misma, a improvisar y a disfrutar incluso cuando algo no sale como lo tenía planeado. Ser la primera voluntaria de la asociación me obligó a organizarme desde cero: preparar actividades para niños de distintas edades (y a veces enterarme en el último minuto de qué grupo me tocaba), explicar juegos en francés usando todo mi repertorio de gestos, y adaptarlo todo sobre la marcha. Un día preparaba un taller de abanicos, otro me inventaba un juego de banderas europeas, o enseñaba canciones infantiles en español. He podido compartir un pedacito de mi amor por viajar y aprender con niños que jamás habían visto a una extranjera por su pueblo. A veces volvían a casa diciendo palabras en castellano o hablando de una animadora que no era francesa y hablaba raro el francés.

Tampoco puedo olvidar las charlas con mis compañeras en la oficina, las pausas para el «apero» o los viajes en coche compartidos para llegar a los centros de ocio. Y en definitiva, mi estancia en Francia ha consistido en una secuencia de eventos que jamás hubiera imaginado. ¡Quién me hubiera dicho que acabaría teniendo una entrevista con la prensa local en francés!
Me voy con un montón de recuerdos, nuevas palabras en la cabeza, y la sensación de que haber crecido. Sé que muchas de las amistades que he hecho aquí seguirán conmigo, aunque estemos lejos. Y, sobre todo, me llevo la tranquilidad de saber que, si un día me pierdo por otro país, tendré la confianza de lanzarme a hablar, a improvisar y a buscar soluciones, como he hecho aquí.
Ane Canales de cerca de Bilbao, voluntaria de ESC en Lamballe-Armor, Francia (Febrero- Julio 2025).»
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